Por Paulina Cruz
En medio de una crisis climática cada vez más visible, una presión regulatoria creciente y una transformación económica acelerada, el Encuentro Global de Pacto Mundial 2026 puso sobre la mesa una idea contundente: la sostenibilidad dejó de ser una agenda paralela para convertirse en un factor decisivo de negocio.
Durante años, las conversaciones sobre sostenibilidad estuvieron marcadas por compromisos aspiracionales, metas a 2030 o 2050 y discursos corporativos cada vez más sofisticados. Sin embargo, el tono del encuentro este año fue distinto. La conversación ya no giró en torno a lo que las empresas desean hacer, sino a lo que realmente están haciendo, cómo lo están ejecutando y qué resultados son capaces de demostrar.
Hoy, las organizaciones ya no son evaluadas únicamente por la ambición de sus objetivos, sino por su capacidad de cumplirlos con trazabilidad, evidencia y resultados concretos. En un entorno donde inversionistas, consumidores, reguladores y talento exigen mayor coherencia entre el discurso y las acciones, operar únicamente desde la narrativa representa un riesgo creciente de perder credibilidad y competitividad.
Uno de los cambios más notorios del encuentro fue el tono de la conversación; si bien durante años se ha planteado que la sostenibilidad es un elemento de competitividad, en esta ocasión el énfasis se desplazó hacia algo más profundo: la necesidad de actuar no solo porque es rentable, sino porque es correcto.



La sostenibilidad dejó de presentarse únicamente como una ventaja estratégica o un factor de eficiencia, para posicionarse como una responsabilidad ineludible frente a los impactos sociales y ambientales que genera la actividad empresarial. Más que preguntarse cómo integrar la sostenibilidad para mejorar resultados, el debate giró hacia qué tan dispuestas están las empresas a asumir su rol en la construcción de un futuro viable, incluso cuando ello implique cuestionar la forma en la que tradicionalmente han crecido y que va más allá de la parte económica, la expansión territorial o el incremento de clientes y ventas.
Claro que el crecimiento económico es importante, pero priorizar por encima de ello el bienestar ambiental y social es el camino que el sector privado debe tomar porque es lo correcto. Más allá de las ganancias, inversiones y aumento de clientes, pensar en un futuro sostenible para todas y todos es lo correcto.
La razón de esto es clara, no está peleada la rentabilidad con el impacto social y ambiental. Los riesgos climáticos ya no son hipotéticos, según el World Economic Forum1 más de la mitad de las empresas a nivel global reportaron en 2025 impactos directos en sus operaciones y cadenas de suministro, mientras que las pérdidas económicas asociadas al cambio climático alcanzan billones de dólares y podrían escalar a más de 1.2 billones anuales en las próximas décadas. La presión del mercado también es evidente, casi 8 de cada 10 inversionistas ya integran criterios ESG en sus decisiones2, y el volumen global de inversión sostenible supera los 39 billones de dólares, reflejando una demanda creciente de transparencia, gestión de riesgos y desempeño sostenible.
Al mismo tiempo, el cambio generacional está transformando el mercado laboral donde casi 9 de cada 10 jóvenes buscan empleadores con propósito y coherencia, y hacia 2030 representarán cerca de un tercio de la fuerza laboral global3.
En este contexto, las compañías que integran la sostenibilidad de manera transversal no solo responden mejor a los desafíos actuales, sino que desarrollan ventajas competitivas concretas; actualmente es fácil trabajar para buscar reconocimientos, firmar principios y sumarse a iniciativas, pero eso no asegura la acción. Solo con acción generamos cambios y por eso integrar la sostenibilidad en la operación de la empresa es el mejor camino.
La sostenibilidad apareció en el encuentro como una capa que redefine la manera en que las empresas invierten, producen, miden su desempeño y construyen valor a largo plazo. La conclusión es incómoda, pero inevitable: ignorar la sostenibilidad ya no es una posición neutral, es una desventaja estratégica.



Liderar desde la congruencia
Si hubo un factor que se repitió constantemente en las conversaciones del encuentro, fue el papel del liderazgo.
Pero no cualquier tipo de liderazgo. Lo que hoy se exige es una coherencia profunda entre el discurso público y las decisiones internas; entre los compromisos y los incentivos; entre la estrategia y la cultura organizacional.
Mucho se dice que las nuevas generaciones “vienen con un chip diferente” para hacer referencia a las ideas sociales y compromiso ambiental con el que se están manifestando y la realidad es que la juventud tiene una visión de sostenibilidad ya integrada es sus decisiones de vida; es imperativo resaltar que esa generación ya está entrando en el mercado laboral y que van a empezar a exigirle a las empresas cambios reales desde dentro y los líderes deben estar preparados para esta nueva ola.
Las empresas que realmente están avanzando son aquellas donde la sostenibilidad dejó de depender exclusivamente de un área especializada – o de un grupo de personas que llevan estos temas- y comenzó a integrarse de manera natural en la toma de decisiones financieras, operativas y comerciales.
Ese liderazgo no solo administra riesgos, sino que transforma organizaciones. También quedó claro que la magnitud de los retos actuales exige un nuevo nivel de colaboración; el cambio climático, la pérdida de biodiversidad y la desigualdad son desafíos sistémicos que no pueden resolverse desde esfuerzos aislados. Cada vez resulta más evidente que los problemas globales requieren respuestas colectivas.
Por ello, las alianzas adquirieron un papel central en la conversación: empresas colaborando incluso con competidores, cadenas de valor articulándose alrededor de objetivos comunes, sector privado y sector público trabajando de manera conjunta y plataformas colectivas acelerando soluciones.
En resumen, lo que se necesita es un liderazgo consciente, abierto al cambio y sobre todo preparado para transformar la organización desde dentro hacia afuera, entendiendo que no están solos en este camino y que las alianzas con otros entes ayudarán a avanzar con paso firme. Lo que antes se percibía como excepcional, hoy comienza a convertirse en condición necesaria para avanzar.



Una década decisiva
Quizá el mensaje más poderoso del Encuentro Global 2026 no provino de una sola conferencia, sino de la convergencia de todas las conversaciones: estamos entrando en una década decisiva.
La ventana para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible se está reduciendo. Los impactos del cambio climático son cada vez más visibles y las expectativas hacia las empresas continúan creciendo a una velocidad sin precedentes.
Desde los 90’s la sostenibilidad tiene picos y bajadas de interés, el contexto político y las olas de información en medios digitales hacen que la gente pueda darle más foco al tema o ignorarlo. Actualmente estamos en una baja global de interés que se ha venido arrastrando desde el 2024: guerras, la economía global y la euforia mundialera son temas que están en el ojo del mundo y por ello la sostenibilidad se ha dejado de lado; pero no olvidemos que las olas de interés cambian y lo que sigue después de estar abajo es una ola hacia arriba.
Con nuevas regulaciones, con mayor exigencia de información y mejores resultados vendrá el nuevo pico de la sostenibilidad y es necesario que las empresas estén preparadas para esto. Esta nueva ola tendrá un enfoque en las responsabilidades sociales; las empresas pueden hacer proyectos y trabajar en estos temas hasta cierto punto, pero mucho de lo que vendrá con esta nueva etapa de la sostenibilidad son las acciones individuales que traen resultados sociales. El contexto actual ya no permite avances graduales ni transformaciones superficiales.
Más allá de tendencias, regulaciones o métricas, el encuentro dejó una sensación compartida: las empresas están frente a un punto de inflexión. La pregunta ya no es si deben actuar, sino qué tan rápido están dispuestas a transformarse y qué tan lejos están dispuestas a llegar.
En esa respuesta se definirá no solo su relevancia futura, sino también su capacidad de generar valor, resiliencia y confianza en un mundo que cambia más rápido que nunca.
- Foro Económico Mundial. (2025). La brecha de adaptación: aumentan los costos climáticos, pero pocas empresas tienen planes. https://es.weforum.org/stories/2025/09/la-brecha-de-adaptacion-aumentan-los-costos-climaticos-pero-pocas-empresas-tienen-planes/ ↩︎
- Fortune Business Insights. (2026). ESG investing market: Size, share & industry analysis. https://www.fortunebusinessinsights.com/es/esg-investing-market-113824 ↩︎
- ManpowerGroup. (2025). La Generación Z reclama empleos con propósito, planes de carrera y bienestar ante un mercado que no cumple sus expectativas. https://www.manpowergroup.es/notas-de-prensa/la-generacion-z-reclama-empleos-con-propositoplanes-de-carrera-y-bienestar-ante-un-mercado-que-no-cumple-sus-expectativas ↩︎
Dejar un comentario